Faltan 30 minutos. Ya está todo casi lleno, la gente espera. Llevamos meses preparando este momento. Me he preparado y he orado mucho, he ensayado, ya sé todo lo que tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer.
Estoy bien, pero cada vez más nervioso y, a pesar de mis esfuerzos por dejarlo, pido un cigarrillo para calmarme, bebo agua y voy al baño por 3ª vez en media hora.
Todo está afinado, pero el técnico de backline volverá a comprobarlo en un momento. Sigo repasando el guión, aunque lo tendré en el escenario, pegado en el suelo.
…
Sólo quedan 10 minutos, estamos ya a punto de subir y cada vez estoy más nervioso, ¿por qué? Si está todo afinado, preparado, nos lo sabemos bien, hemos ensayado… ¿es porque hay mucha gente? Bueno, no tengo demasiado miedo escénico, ¿entonces?
Lo que ocurre es que el mismísimo Rey de Reyes me espera, me eligió para que hoy estuviera aquí, me ha PERMITIDO tocar delante de él, no delante de cientos de personas, sino de ÉL, y sólo debo tener mis ojos puestos en él, no puedo equivocarme, ¿equivocarme? Mi corazón no puede equivocarse, porque entonces será un desastre, la gente se irá como ha venido, aplaudirá y nosotros nos llenaremos orgullo.
“Señor, ayúdanos y enséñanos a cantar para ti con un corazón contrito y humillado”.
Pablo Soláns
Musicar
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